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NOTAS A LOS COLLAGES | PENSAMIENTOS | REFLEXIONES | ONANISMO MENTAL

  • Muchas veces necesito límites en mi vida. Disponer de opciones infinitas me paraliza. Por eso me gusta el collage artesanal, porque te limitan los tamaños, los colores, los textos, las formas. Es una especie de desafío. De otra manera no sabría por dónde empezar. Horror vacui.

  • A veces parece que los collages se hacen a sí mismos. Todo encaja de tal manera que llega un momento en el que dices “ya está”. Pero en realidad el resultado es sólo uno entre infinitas combinaciones posibles. Mundos, dimensiones.

  • El ritual del collage me fascina. Elegir, probar, recortar, recolocar. Unas veces sabiendo lo que buscas. Otras dejándote encontrar. Pero nada comparable al momento del pegado. Cuando de verdad el collage nace. Pieza a pieza va absorbiendo la energía de los pensamientos y sentimientos que te inspira y vuelcas en la obra. En el momento de pegar el último recorte el collage muere, pero nace.

  • Fue revelador, ese día de juego con mi sobrina. Ella me enseñó a hacer collages. La primera obra, esclarecedora, pareció hacerse sola: “Una visión del mundo como otra cualquiera”. Una posibilidad entre infinitas. Sólo un punto de vista. Nada más que un juego. Vivir es jugar.

  • Es vital para mí quitarle importancia a los collages, reírme de todo el trabajo-placer. Considerarlo un juego. “Una visión del mundo como otra cualquiera”, “Esto lo hace hasta un crío”, “ Soy diletante, ¿y qué?”, “Señor, dame tu inspiración”, “Desmontando el negocio del arte”… El arte es un lujo necesario. Pero cualquiera puede hacerlo.

  • Hacer collages es un acto de piratería y reciclaje. Robo a otros sus imágenes y creaciones, para reutilizar sus ideas, dar un nuevo valor a sus intenciones. Y no sólo reciclo “el alma”, sino también el cuerpo de papel de cada uno de ellos.

  • Y a pesar de ello, trato de no cometer demasiada herejía: viejos libros, adquiridos para ser diseccionados, y a los que soy incapaz, por respeto, de meter la tijera, se acumulan en una retro-biblioteca que se salva de ser empujada al abismo de los collages.

  • De la mano de la imagen, siempre, la palabra… El título como una última pieza para envolverlo todo, a veces, transparente, sí; otras, necesaria para dar vida a la obra, como el Verbo propio de la creación collagista.

“FOTOGRAFÍA+ARQUITECTURA+VANGUARDIAS PICTÓRICAS”, por D.L.

“El grano y la textura de las imágenes no dejan lugar a duda: se trata de fotografías analógicas. Y además en blanco y negro, el espectro idóneo para el misterio, la atemporalidad y la ingravidez.

 

A través de ellas consigue Nieves H.M. aunar y poner en relación la arquitectura con la pintura vanguardista para confundir y despistar fusionando ambas disciplinas: ¿es esto un edificio, o es una pintura de abstracción geométrica? ¿Son estas líneas parte de una escalera, o quizá de un cuadro constructivista? Y estas otras, ¿no podrían pertenecer a uno propio del futurismo? ¿Es este reflejo una fachada acristalada, o un fondo utilizado por los pintores surrealistas? ¿Se trata de una obra  del suprematismo, o del interior de un habitáculo? ¿Son casas vistas de lejos, o una composición neoplasticista?

 

Las preguntas que nos evocan sus fotografías forman parte de un juego, un divertimento de sugerencias que a veces se torna serio y amenazador en su onirismo debido a encuadres desubicadores, perspectivas desconcertantes o ángulos vertiginosos. Son esas líneas, esos vacíos y esas sombras los medios para descomponer y deconstruir edificios, fachadas, espacios interiores, escaleras, suelos, columnas, paisajes urbanos y todo lo que sea susceptible de ser pasado por su objetivo y convertido a golpe de obturador en algo que va más allá del rigor documental, de la forma, del diseño y del valor funcional. Haga la prueba: coja cualquiera de sus fotografías y rótela, gírela, voltéela; la belleza plástica seguirá presente e incluso se intensificará, mientras nuestro cerebro se olvida de encontrar referentes lógicos o figurativos y se deja llevar.

 

Así pues encontramos simetría y asimetría, planos estimulantes y también relajantes, minimalismo y barroquismo, patrones geométricos, orgánicos y fractales, en fin, todo lo que queramos ver en la plasticidad de una fotografía arquitectónica que guiña el ojo y coquetea con la pintura, dispuesta a seducir a todo ojo que quiera dejarse.”

 

D.L.

“NUESTRA PROPIA LEVEDAD”, por D.L.

“Fue revelador, ese día de juego con mi sobrina. Ella me enseñó a hacer collages. La primera obra, esclarecedora, pareció hacerse sola: “Una visión del mundo como otra cualquiera”. Una posibilidad entre infinitas. Sólo un punto de vista. Nada más que un juego. Vivir es jugar.”

 

Con sencillez y dejando sentada la base de su creación collagista , siempre relacionada con el juego, describe Nieves H.M. los orígenes de su trabajo. Una espontaneidad que nunca ha dejado de estar presente en su cada vez más prolífica carrera entre tijeras y recortes de papel, pues el azar y la sorpresa juegan un papel determinante en su metodología a pesar de la intencionalidad  y el ánimo de sus obras, cargadas de reflexiones sobre la creatividad, el arte, la infancia, el capitalismo, el crecimiento personal, la ciencia o el amor.

 

Ese azar espontáneo encuentra su sitio entre los límites que suponen el papel y los materiales encontrados (ella nunca fotocopia, nunca imprime, lo suyo es el collage analógico y artesanal), pues el desafío que supone moverse entre imágenes, tamaños y colores preestablecidos es lo que hace de la obra de Nieves un oasis de calma dentro de las tormentas de imágenes digitales que tanto abundan hoy día.

 

Y es que esa diletancia de la que hace gala -según cuenta en sus propios escritos-, ese hedonismo creativo, es de vital importancia para ella a la hora de ponerse a crear: desde el mismo acto de piratería y reciclaje que supone la creación collagista, hasta la deconstrucción de mitos e iconos sacrosantos tanto en su dimensión más puramente visual y estética, como en lo que respecta al mensaje que transmiten sus obras; todo es susceptible de ser pasado por el tamiz crítico pero humilde que supone ser consciente de nuestra propia levedad.

 

Así, cargadas de una ironía y un humor constantes (volvemos al juego, a la autocrítica, a la iconoclastia), sus creaciones nos llevan a un universo inevitablemente unido a la palabra, pues la autora siente que en su propia cosmogonía collagista la palabra orbita alrededor de las composiciones, ya sea en forma de títulos o como una pieza más dentro del collage: como dice ella misma,  “de la mano de la imagen, siempre, la palabra… El título como una última pieza para envolverlo todo, a veces, transparente, sí; otras, necesaria para dar vida a la obra, como el Verbo propio de la creación collagista”.

 

Les invitamos pues a que se sumerjan y disfruten de los mundos figurativos que Nieves H.M. nos ofrece: comunicativos, envolventes, punzantes y tiernos a partes iguales; es un placer dejarse llevar por los mensajes que a través de ellos nos lanza.

 

 

D.L.